Un itinerario vital para cada ciudad, y para mi madre

[Publicación para Civitas Innova]

Asociar el cambio demográfico con el futuro es algo tan fácil como posponer cualquier solución a su problemática. Preferimos aceptar nuestro propio envejecimiento más bien mañana que hoy mismo. No obstante, tener visión de futuro es importante, sobre todo cuando las dificultades se pueden presentar de pronto, sin aviso previo. Puede parecer extraño hablar de mi madre, cuando trato de hablar de urbanismo, pero creo que es esencial para entender la naturaleza de la problemática.

¿Cuál es entonces la problemática? Pues, es bastante simple: mi madre ya no sale de casa. Tiene miedo a poder caer, a quedarse sin respiración, a encontrarse indefensa ante la frenética ciudad. Y lo sorprendente de esta “problemática” es que llegó por sorpresa. Ella siempre era energética, iba arriba y abajo, en coche, en bici o andando, hasta que un día sus rodillas decían osteoartritis, y sus pulmones decían pleuritis. Ahora se queda muchos días sola en casa, sin posibilidades de salir.

Si entiendo que mi madre puede ser cualquiera de nosotros, y que en 2050 habrán más personas mayores que jóvenes, aparecen contrariedades varias, o mejor dicho: diferentes necesidades a satisfacer.

Pueden parecer frenéticas, las ciudades, pero también son conservadoras; les cuesta mucho tiempo e inversión hacer cambios importantes y estructurales. Cualquier paso adelante requiere consenso social, acuerdos políticos y recursos económicos, difíciles de conseguir, y una vez conseguidos, la implantación de los cambios es casi siempre a largo plazo. El coloso ciudad no se mueve fácilmente: sus vías y cimientos están bien anclados. No es fácil, ni rápido solucionar sus problemas o necesidades. Hete aquí la necesidad de asociar el cambio demográfico al presente.

Las ciudades son creadas por nosotros y para nosotros, pero a veces parece que se han escapado de nuestro control; tienen su dinámica propia. Y esto es algo estimulante y atractivo que nos proporciona inspiración y vida. No obstante, ante el cambio demográfico hay que procurar que continúen abiertas y accesibles, ya que incluso nos pueden proporcionar un envejecimiento saludable y activo. La ciudad es una plataforma de intercambio social por excelencia; una conversación de cinco minutos, un encuentro por sorpresa o una mirada inesperada contrastan con el silencio que podemos encontrar dentro de las cuatro paredes de nuestra casa. Poder participar en la sociedad, ser reconocido en una red social, y no tener la sensación de exclusión, mejora la autopercepción y refuerza la identidad de las personas.

Y entonces, ¿qué propongo para mi madre? Me gustaría abrir vías hacia ciudades amigables para la gente (en camino de ser) mayor. Y una de las propuestas aplicables es la creación de itinerarios vitales; itinerarios que nos proporcionen seguridad, estímulos sensoriales y un fácil intercambio social. Consciente de la inviabilidad de cambiar ciudades enteras, elegir y diseñar cuidadosamente dichos itinerarios es una tarea difícil pero conveniente. Se trata de unir puntos de interés por vías muy accesibles, proporcionando un abanico amplio de eventos diferentes.

Un itinerario vital reúne 4 características esenciales: es funcional, social, sensorial y servicial. O dicho de otra manera: (1) es accesible, facilita la ejecución de tareas y proporciona puntos de descanso; (2) conecta plazas y escuelas; (3) conduce a zonas verdes y huertos; (4) y enlaza tiendas, bibliotecas, farmacias y centros de día o sanitarios.

Seguramente, para conseguir itinerarios vitales solo falta coordinar y conectar diferentes propuestas o actuaciones independientes. Muchas iniciativas ya están en marcha; solo hay que trazarlas e interconectar los ejes. Cuando la participación ciudadana encuentra su matriz, la ciudad íntegra se beneficia, y mi madre también…

Itinerario Vital

Anuncios